Éxito

Yo sólo era el batería, digo sólo porque los que llevaban la voz cantante eran el vocalista y su hermano, el guitarrista del grupo. Cuando vivíamos en Cincinnati y teníamos unas vidas comunes a ninguno se nos pasó por la cabeza que tendríamos tanto éxito. Tocábamos por nuestro estado, pequeños conciertos en pueblos perdidos. Hasta que dos de ellos, los otros dos hermanos, tuvieron una serie de problemas familiares y monetarios y nos convencieron al resto a tirar las vidas comunes por la ventana y lanzarnos en serio con la música. Yo me dejé arrastrar, era una aventura a la que no podía renunciar.
No fue poco a poco, no, el éxito llegó de golpe y pasamos de tugurios a salas de concierto de renombre por todo el país. Producíamos discos que se vendían a mansalva hasta en el extranjero, aquello fue como un terremoto. No puedo decir que antes no fuésemos unos borrachos, en cada concierto nos poníamos tibios a beber. Pero cuando toda la vorágine empezó la cosa se radicalizó, ya no sólo era birra, porros y güisqui, ahora también era cocaína y de una calidad infinita. Un concierto era sinónimo de desfase, cuando subíamos al escenario estábamos ya tan colocados que hacíamos de cada función un manual de malas conductas y prácticas que incluía meados, vomitonas e instrumentos rotos en directo. Yo lo veía venir y pude zafarme de la coca, pero ello no evitó que los conciertos fuesen decayendo en calidad y dejasen de interesarse por nosotros.
Los conflictos de ego entre mis compañeros se acentuaron. El primero en caer fue Scott, el bajo, y justamente no fue la coca, no, fue el alcohol, una de esas noches de locura quedó inconsciente en el suelo del camerino, todos pensaban que dormía la mona, en realidad se había ahogado con su propio vómito. El siguiente fue Bryce, el teclista, en una de las actuaciones decidió tirarse al público con la mala suerte de que calculó muy mal y se estampó contra unas vallas quedando obsoleto para el resto de su vida. Después Aaron, guitarrista, se lo llevó una sobredosis de todo. Para entonces el vocalista, Matt, no servía más que para dar berridos y ya nadie lo quería en ningún sarao o festival, así que acabó siendo un yonqui mítico sin hogar que vivía en la memoria de todos. Y yo, bueno, yo pude escapar, tuve suerte y me pasé a otro grupo que ahora empieza a despuntar a nivel nacional, lo malo es que son muy jóvenes y ya han comenzado a jugar con los polvitos blancos.
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