Yo. Je. Ich. I. Eu.

Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.

Antonio Machado

 

Una hora de más para el anochecer… fue la bienvenida!
Cervezas, risas y puesta al día en 10 botellines, o 20. Podría volver a mi vida sin más. Podría apuntar el último día que nos vimos en la agenda, sonreír recordando lo que nos reímos cuando se me quedó aquel resacón sobre el sofá, y volver a a lo mío sin mirar atrás como siempre hemos hecho. Un hasta pronto teñido de esa nostalgia placentera de las amistades manidas.
Me estoy haciendo vieja, o vuelvo a ser niña. Lo digo sin pena ni acritud, pero es un hecho que no puedo más que constatar, voy hacia la senectud con paso firme y más celeridad de la que gustaría reconocer, voy a la senectud con con risa firme y más felicidad de la que me gustaría reconocer.
En mi empeño por alcanzar la madurez completa cuanto antes me adelanté a los cuarenta, y aun distando bastante lo celebré con otras misses. ¿Quién necesita cambiar de decáda para sumirse en la más profunda catarsis existencial? Yo desde luego NO.
Ahora lo entiendo todo, lo de los tacones estilizantes, el pantalón pitillo de la 38 y el amante de 28, lo del botox y las inyecciones de colágeno en los orbiculares labiales castigados por los frecuentes impactos desgastadores y las AMPOLLAS… Esto de la midlife crisis no es moco de pavo, créanme.
A mi lo de las arrugas me da igual, por ahora, gracias a las AMPOLLAS de Miss Noruega que todavía no compré, pero con mirar el frasco vacío la piel se tersa. No es la decrepitud física lo que me preocupa por mucho que la flacidez campe a sus anchas por mis curvas pronunciadas a base de carreras, aun no habita en mí. No, el vértigo viene cuando te asomas al abismo del resto de tu vida y ves que te queda menos por hacer de lo que has hecho ya, con lo bien que lo hago ahora, pulso tomado, narcisa infinita.
Nos pasamos la vida construyendo, planeando y, sobre todo, mirando hacia delante. Hasta que un día te colocan el tres y el cinco en el centro de la tarta y caes en la cuenta de que el futuro era eso. Hoy, no mañana, hoy. Y si me apuras, ayer.
Yo he decido no rebelarme contra lo inevitable y convencerme de que la lozanía es directamente proporcional al tamaño de mis pechos , a las copas de albariño capaz de ingerir y a las ansias de vivir.
Se puede, claro que se puede, como el atleta de la madurez es un alivio. Saber quién eres y limitarte a serlo. Que no es poco.
Anuncios