Al tiempo

 

  Guardar, guardar, guardar, cada pedacito de su existencia en aquellos renglones, juntar palabras y signos de puntuación. Acentuar los buenos momentos, resumir casi a modo de esquema los malos. Le había costado mucho volver atrás.
Sentado en su escritorio tecleaba con ahínco los últimos párrafos de su relato, tenía claro que no sería un bestseller, tenía claro que nunca lo publicaría, era su vida, sus cincuenta y ocho años resumidos en doscientas veinte páginas. Llevaba doce meses trabajando cada noche en ello, obsesión con el final, porque sabía que en cualquier momento todo podría acabar.
Tenía lagunas, huecos de infancia y adolescencia, sombras de la juventud más tardía, le costó rellenar. Alguna noche se desesperó intentando llegar a ese pasado, esa imagen de un momento de ternura o cariño,  porque muchas veces, al cerrar los ojos tratando de rememorar, revivía una sensación y no un recuerdo claro y conciso de lo vivido.
Ahora, ya pecando de mayor, sabía la diferencia entre emoción y sentimiento, pero se le antojaba extremadamente difícil ponerles palabras, explicarlas, sobre todo cuando se refería al pretérito, ese fue su epílogo.
El día de la última página él desapareció. Antes dejó escrita una nota a su mujer:
“Le dolía que los hechos pasasen con esa facilidad a ser recuerdos; notar la amarga sensación de que nada, nada de lo pasado, podía volver a repetirse” El camino, Miguel Delibes
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