Deica pronto!

No me cierra la maleta, como el viajero que vuela con restricciones intento cerrar la cremallera, pero no hay manera. La retranca la envolví cuidadosamente en el fondo, justo al lado estaban los miles de grises, las nubes y las borrascas que me hicieron palidecer por dentro.
En el bolso metí bien doblados los mapas que me guiaron hasta el Monasterio de Armenteira, el nacimiento de la Ría en Catoira o la Torre de San Sadurniño en Cambados. Algunas rutas están borradas en el papel, casi no se ve el camino al Carreirón, ni al faro, ni a Area Secada, ni al Pazo Torrado y el Cementerio, ni al sendero del Agua y la Piedra,…Tantas veces los visité que el mapa está desgastado y casi no se pueden leer los nombres impresos.
En la libreta llevo apuntados algún que otro furancho, fiestas y fechas señaladas, el Vino de Barrantes,  la Almeja de Carril, el Agua de Villa, el Albariño de Cambados, la Romería Vikinga de Catoira y el Carmen de la Illa.  Y esas otras verbenas que son más pequeñas pero singulares y que no dejan de relacionarse con el pulpo, la zamburiña, el mejillón y cualquier bicho de mar que con sólo nombrarlo hace que babee cual perro de Paulov.
En otro hueco logré encajar la simpatía de la gente, la geada y el seseo, los dobles sentidos, el pimentón dulce, los huevos de casa, la montaña, las islas y los ríos, el olor a campo y a mar, la tristura del invierno, Eduardo Baamonde, Asorey, Leandro Lamas, Caneiro, Rosa Aneiros, Domingo Villar,Uxía, Iván Ferreiro y Xoel López, los acentos y los piques de Vigo y Coru, la belleza y la singularidad de Ponte y Santiago.
Las experiencias sin embargo no soy capaz de meterlas en ningún sitio, porque son tantas y de tal calibre que ni en un almacén de Inditex.
Comencé a correr hasta ahogarme con vistas a Cortegada, aprendí yoga de la mano de una mujer muy noble y generosa, practiqué surf en La Lanzada, subí al pico más alto de Lugo, me emborraché con las chiquitas de los jueves con mis orcos, ahondé en el alemán con unos compañeros pintorescos, perfeccioné el inglés con unos compinches de primera, me bañé en pozas, ríos, rías, charcas y fervenzas, visité Oporto en buena compañía, viví Oporto y sus oportunidades (¿y mi palo?), me perdí por Gerês, visité Vigo en moto, me tricagalloné en Cíes, sudé Ons, caminé Cortegada, me reencontré en Pontevedra, canté bajo la lluvia en Santiago, salté el fuego en Coruña, morí de amor en cada atardecer en el Vilar, en Corrubedo, en Fisterra, navegué a toda vela en la ría de Muros-Noia, caminé casi 30 kilómetros al lado de mi rubia favorita, lloré con la pelirroja y el hombre más guapo de Villa frente a unos huevos fritos, me instruí en tomar la luz con la réflex junto a una ferrolana, aprecié la tranquilidad de la lucense adoptada por el Grove, me reí mucho, mucho, junto a la otra pelirroja y el otro guapo de Villa, pasé un fin de año en Cambados con una cambadesa y sol el día 1 de enero, descubrí a James junto a otra cambadesa, logré tener plantas que no se secaron e incluso crecieron más y más, me enamoraron echando por tierra tres prejuicios (tú sabes cuales son),…Y así podría hacer una lista interminable de momentos que me hicieron ser lo que soy ahora, algo que casi nada tiene que ver con la Carmen que llegó aquí hace dos años.
Por ello tengo que darle las gracias a esta tierra, porque llevo la maleta a rebosar. Mientras, la morriña sigue empeñada en colarse entre mis posesiones haciendo un poco más difícil cerrar mi equipaje.
GRACIAS, GALICIA.
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Yo. Je. Ich. I. Eu.

Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.

Antonio Machado

 

Una hora de más para el anochecer… fue la bienvenida!
Cervezas, risas y puesta al día en 10 botellines, o 20. Podría volver a mi vida sin más. Podría apuntar el último día que nos vimos en la agenda, sonreír recordando lo que nos reímos cuando se me quedó aquel resacón sobre el sofá, y volver a a lo mío sin mirar atrás como siempre hemos hecho. Un hasta pronto teñido de esa nostalgia placentera de las amistades manidas.
Me estoy haciendo vieja, o vuelvo a ser niña. Lo digo sin pena ni acritud, pero es un hecho que no puedo más que constatar, voy hacia la senectud con paso firme y más celeridad de la que gustaría reconocer, voy a la senectud con con risa firme y más felicidad de la que me gustaría reconocer.
En mi empeño por alcanzar la madurez completa cuanto antes me adelanté a los cuarenta, y aun distando bastante lo celebré con otras misses. ¿Quién necesita cambiar de decáda para sumirse en la más profunda catarsis existencial? Yo desde luego NO.
Ahora lo entiendo todo, lo de los tacones estilizantes, el pantalón pitillo de la 38 y el amante de 28, lo del botox y las inyecciones de colágeno en los orbiculares labiales castigados por los frecuentes impactos desgastadores y las AMPOLLAS… Esto de la midlife crisis no es moco de pavo, créanme.
A mi lo de las arrugas me da igual, por ahora, gracias a las AMPOLLAS de Miss Noruega que todavía no compré, pero con mirar el frasco vacío la piel se tersa. No es la decrepitud física lo que me preocupa por mucho que la flacidez campe a sus anchas por mis curvas pronunciadas a base de carreras, aun no habita en mí. No, el vértigo viene cuando te asomas al abismo del resto de tu vida y ves que te queda menos por hacer de lo que has hecho ya, con lo bien que lo hago ahora, pulso tomado, narcisa infinita.
Nos pasamos la vida construyendo, planeando y, sobre todo, mirando hacia delante. Hasta que un día te colocan el tres y el cinco en el centro de la tarta y caes en la cuenta de que el futuro era eso. Hoy, no mañana, hoy. Y si me apuras, ayer.
Yo he decido no rebelarme contra lo inevitable y convencerme de que la lozanía es directamente proporcional al tamaño de mis pechos , a las copas de albariño capaz de ingerir y a las ansias de vivir.
Se puede, claro que se puede, como el atleta de la madurez es un alivio. Saber quién eres y limitarte a serlo. Que no es poco.

Gracias

Niños aparentemente rotos, niños que perciben el mundo de otra manera, que sus cuerpos y sus cerebros asimilan el mundo y lo procesan como si de un juego mágico se tratase.
Algunas miradas perdidas con las que a veces conseguimos conectar, momentos tan sublimes que ni mis palabras podrían explicarlo. Da igual los días, horas y jornadas estimulando, observando y atendiendo a las demandas, jugando, al fin y al cabo; eso no importa, porque cuando se dirigen a ti espontáneamente para pedir más de eso y se/te sonríen, y empiezan a ver el mundo real y hacerse reales, tu interior se ilumina de regocijo.
Ellos han sido los mejores maestros, me enseñaron la paciencia, la espera, la insistencia, el trabajo estructurado con un objetivo, la persistencia, la risa, el consuelo, me enseñaron a cuidar cada detalle, evaluarme que no evaluarlos, verme a mí misma en una cámara, valorar los fallos y mejorar.
Con algunos (Natalia, Alex, Noemí, Eliana, Toni, Jonay, Eliana, Jury, Gianni) compartí las risas, los ratos de frustración y lucha por entender aquellos conceptos, aprender a explicarlos fue todo un reto para mí. Los ratos de conversaciones en los que verbalizábamos lo diferentes que nos sentíamos respecto a los listos de nuestros compañeros, confesiones de adolescentes tan distintos como el resto. 
Con los de allá (Iván, Alejandra, Juanlu, Juan José, Manuel Jesús, Melanie, Alvarito, Hafed, Manuel) perfeccionamos la metodología, el proceso, pudimos ver una evolución de cuatro años, recoger frutos maravillosos, sonidos que empezaban a salir de nuestras bocas, peticiones de juego, correr juntos de la mano, jugar a tirarnos agua, veíamos al otro y además lo buscábamos. Satisfacción plena, orgullo patente.
Con otros (Pedro, Raquel, Tomás) aprendí la resistencia, llegar a mis límites, admitirlos, y reaccionar, calibrar y volver a empezar.
Y ahora son ellas (Lidia y Rebeca)las que están llenando mis últimos días en Educación Especial, ellas son un presente risueño, buscando un bienestar y una autodeterminación que son patentes. Hemos aprendido a “soportarnos”, tanto que ahora hay risas en el aula, monólogos que se complementan con miradas de reojo, tranquilidad, calma y espera. Desarrollo motor en toda regla, desarrollo al fin y al cabo.
Me quedan siete días en Educación Especial, me dieron plaza por Primaria bilingüe, no sé si me gustará estar en un centro ordinario con niños que para mí son rápidos, porque yo también percibo el mundo de manera diferente, me siento más cercana a lo incompleto.
Por ello escribo este texto, porque no tengo ni idea de como agradecer a todos esos niños, para mí perfectos dentro de sus supuestas imperfecciones, lo mucho que he aprendido de y con ellos en estos 10 años.
GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS por enseñarme a amar mi trabajo. Y aunque este texto nunca os llegue cada vez que os recuerde una sonrisa se dibujará aquí dentro.

Conquistas derrotadas

Santiago, noviembre 2014 (A Quintana)

 

Él me contó su última mala experiencia entre copas de vino, decía que nunca había podido imaginar que existiese tanta maldad, yo le replicaba, “que no, que no es maldad, que realmente son personas enfermas que no tienen empatía, que no son capaces de reconocer los sentimientos ajenos, en resumen, que son unos desgraciados porque relamente nunca podrán llegar a sentir como todos sentimos”.
Sentados en el sofá, parapetados frente a la tele relató situaciones que había vivido con esa mujer, situaciones que eran reales y que a mí me parecían sacadas de una película de humor trasnochado en el que el personaje principal, mi amigo, siempre acababa jodido y sin joder.
Ante aquel despliegue de sinceridad opté por hacerle esa pregunta que yo misma respondí al segundo, “¿Cómo pudiste aguantar tanto?¡Ah!, ya entiendo, estabas enamorado” Él afirmó con la cabeza y terminó su vaso de vino. Después le expliqué que como él otros amigos cercanos estaban viviendo un desamor similar al suyo, y que todos, todos, coincidían en que ellas, las “princesas” escogidas, eran mujeres difíciles de conquistar en los comienzos. Él me confirmó que sí, que le gustaba que se lo pusiesen difícil, que conquistar era parte del juego que a él y al resto de hombres estimulaba.
Y de camino a casa, con ese vino navegando a sus anchas por mi sangre, llegué a la conclusión de que los hombres tienen un fondo machista cuando de conquistar se habla, necesitar ser ellos los conquistadores.
Por eso, mis amigas las duras de roer,os traigo buenas noticias,  siempre tendréis a mis encantadores amigos dispuestos a morder el polvo por vosotras, porque yo no voy a permitir que ningún ser humano se postre ante mí para iniciar nada, porque esos son inicios con finales tristemente anunciados.

Ao galego…

He cambiado de opinión muchas veces, hay gente que piensa que por ello soy una chaquetera que no tiene criterio ninguno, pero en realidad es que una va viviendo, escuchando, experimentando y al final la perspectiva se modifica. Incluso hay veces que sigo dudando y no soy capaz de defender aférrimamente una postura porque no estoy segura de que sea al cien por cien “la” opción.Así que a día de hoy hay muy pocos temas en los que acabe afirmando algo a raja tabla, es más, se pueden contar con los dedos, ya no discuto ni pierdo óxigeno en según qué situaciones.
Una de esas cuestiones que amparo con la boca bien abierta es el tema de los idiomas, y no me refiero al inglés, francés o alemán, me refiero al gallego, al euskera y al catalán. Esos tres idiomas son parte de nuestra riqueza cultural y me siento muy, muy orgullosa de poder hablar uno de ellos (una pena que en el Mordor de 37.000 habitantes casi siempre se dirijan a mí  en español). Y no es que el español sea menos, que es mi lengua materna y bien agradecida que le estoy, es que el gallego me parece tan, tan bonito, cantarín y entrañable que me da pena venir habiendo estudiado un año antes para que luego la cosa se quede en un a medias. Menos mal que por los alrededores sí hay gente que fala ese gallego que tanto me gusta, y si puede ser con geada y seseo más. Sé que alguno estará sonriendo y pensando, ¡lo que hay que escuchar!, porque yo antes tampoco pensaba así, ya sabéis, una chaquetera pringada.
Y este pequeño texto que no cuenta nada realemente y lo cuenta todo  se lo dedico al gallego,a Mordor (Villagarcía), a una tal Loli  y a la ría de Arousa que tanto me ha dado:
“As 8.30 da noite, acaba de entrar unha borrasca de vento e choiva, vina chegar desde o salón, a cristalera chea de auga. En realidade aquí a isto non lle chaman borrasca, é mal tempo, porque comparando coas ciclogénesis do ano pasado isto é gloria. Pénsome o de saír a correr, saio, charcos. Hai gaivotas pululando, o mar coa súa ondada acompáñame, hai outros tolos como eu, baixo a chuvia súase mellor. As barcas balancéanse nunha beira revolta.Hoxe non piso merdas de can nin dos seus donos, grazas auga por facelas desaparecer. Ao chegar a Carril diviso unha Cortegada fermosa, illa rodeada dunha marea alta que a engulle, laureles que petan o meu nariz. Paso obligatorio polo porto. Uns pescadores da pié queto, barba e engurras do tempo, míranme de esguello, creen que o meu cu forma parte da beleza do lugar, algún me saúda, xa nos coñecemos. Á volta respiro con máis ganas, aumento a velocidade. Nos bares do paseo , na Esmorga, na Ola e no Café do Alma, sitios privilexiados polas vistas, a xente toma café á calor do lume, miran pola cristaleira e pensan nos perturbados eses que corren con borrasca. A Compostela case baleira. Sigo ata máis aló, Vilaxoán, a chuvía aumenta, o vento sopra máis forte, entón sorrío e pregúntome soreprendida ¿quen me ía a dicir que podería aguantar tanto?”
“Las 8.30 de la noche, acaba de entrar una borrasca de viento y lluvia, la vi llegar desde el salón, la cristalera llena de agua. En realidad aquí a esto no le llaman borrasca, es mal tiempo, porque comparando con las ciclogénesis del año pasado esto es gloria. Me pienso lo de salir a correr, salgo, charcos. Hay gaviotas pululando, el mar con su oleaje me acompaña, hoy otros locos como yo, bajo la lluvia se suda mejor. Las barcas se balancean en una orilla revuelta. Hoy no piso mierdas de perro ni de sus dueños, gracias agua por hacerlas desaparecer. Al llegar a Carril diviso una Cortegada hermosa,   isla rodeada de una marea alta que la engulle, laureles que petan mi nariz. Paso obligatorio por el puerto. Unos pescadores de a pie quieto, barba y arrugas del tiempo, me miran de reojo, creen que mi culo forma parte de la belleza del lugar, alguno me saluda, ya nos conocemos. A la vuelta respiro con más ganas, aumento la velocidad. En los bares del paseo , en A esmorga, en La Ola y en El Café del Alma, sitios privilegiados por las vistas, la gente toma café al calor del fuego, miran por la cristalera y piensan en los perturbados esos que corren con borrasca. La Compostela casi vacía. Sigo hasta más allá, Vilaxoán, la lluvía aumenta, el viento sopla más fuerte, entonces sonrío y me pregunto soreprendida ¿quién me iba a decir que podría aguantar tanto?”

 

En negrita y cursiva

Mi compi de piso sigue viva, ¿un milagro?

Y llega ese momento en el que se descubre a sí misma. Porque empieza a hacerse con esas pequeñas cosas que desconocía de esa fémina que parecía perdida en el momento del cambio.
El yogur natural sin azúcar al que no le pone azúcar, le añade unas almendras picadas y le sabe a gloria, disfruta cada cucharada como una petarda de 5 años. Y espera a que llegue la noche para poder tomarse ese lácteo que para otros es insípido, para ella la panacea.
El té del desayuno apoyada en el ventanal del salón con unas vistas privilegiadas que cada mañana le dan los buenos días, el mar arousano, las gaviotas, Carril de fondo, algunos barcos, mariscadores y runners.
El disco “Days are gone” de Haim que últimamente no deja de escuchar. Ayer, cuando buscaba algo que había perdido, ¡qué raro en ella!, sonaba de fondo ese disco que lleva a todos lados, y exactamente en la canción”Don´t save me”, y ante la desesperación de no encontrar lo perdido se puso a bailar como una posesa, nadie la veía, se movía como si fuese the last dance, sonriéndose ante la idea de ser descubierta en sus gustos mainstream.
Las manzanas, un tipo de manzana entre colorada y amarilla  y medio ácida. Nunca las comía, pero desde hace unos tres meses adora llegar de correr, ducharse y comerse una de esas manzanas con sabor fuerte que la eleva al cielo.
La crema y el masaje en los pies que ya ha tomado por manía, hidratárselos al salir de la ducha,  masajeándolos,  tomando unos instantes de su día para ellos, agradecida que está.
Los orcos y el vino de los jueves o los martes o los miércoles. Y es que le tiene mucho cariño a los orcos, aunque Mordor es Mordor, ellos se hacen querer y quedan para uno o dos cualquier día de la semana. Eso sí, las risas de los orcos se pegan y muchas veces acaban a carcajadas.
Los libros de Leonardo Padura que le están quitado horas de sueño, porque mira el reloj y dice, venga unas páginas más, que sólo son las doce y media. Y cuando vuelve a mirar el reloj son más de las dos de la mañana. Conde y sus búsquedas de la verdad, carajo.
La charla de los miércoles con la ferrolana y la lucense en el café del Alma, o en cualquier otro café, contando lo acaecido en esa semana, planes hechos y por hacer, extranjeras en Mordor que confabulan.
Correr bajo la lluvia, si es con una buena borrasca y el viento soplando con fuerza mejor que mejor, que las temperaturas altas no son buenas consejeras para los 6, 7 u 8 kilómetros…
Regar el ciclamen que hace un mes y medio convive con ella. Porque nunca una planta aguantó más de dos semanas sus cuidados, después de seis sigue con flores, blancas, divinas.
La sonrisa de ellas, dos, adultas todavía pequeñas, que de lunes a viernes son más que razones para levantarse temprano y dedicarles las horas que se merecen.
Las películas de alemán que saca cada semana de la biblio. Conociendo el cine deutsch, actores, directores y guiones que la sorprenden y escriben nuevas historias en su cabecita.
Y así podría hacer unas lista de pequeños placeres que por alguna razón acaban siendo escritos en negrita y cursiva al llegar el final de la jornada.

Cuentas

Barcelona, 2011

 

Hace unas semanas descubrí que la pescadería por la que paso todos los días ya no cierra a las dos, ahora cierra media hora más tarde. Con el cambio de horario me da tiempo día sí y día también a adquirir peces frescos, luminosos y brillantes que después cocino según le dé a mi imaginación.
Yo antes era de ir los sábados al mercado y disfrutar de la fiesta de la venta vespertina con productos frescos. Pero desde que descubrí que puedo comprarlo entre semana se me olvidó volver al mercado.
Hoy he adquirido una pescada, le he hecho una salsa con unas verduritas y un poco de vino y hasta he mojado pan, exquisita. La compra de la pescada me ha dejado un bonito sabor de oídos.
Al llegar al negocio no había nadie, ojeé el producto y me decidí por una pescada pequerrecha, pequena. Mientras sacaba mi cartera entró una mujer más o menos de mi edad, la dependienta en seguida le entregó una bolsa, me debes 6.58. Pagó con el dinero exacto. Justo en ese instante me dice a mí, lo tuyo son 3.42.  Le entrego un billete de 10 y ella me dice toda contenta, “¿Ves? Todo en la vida cuenta. Aquí tienes tu vuelta, pues no parece que te has puesto de acuerdo con ella” Nos miramos las tres y nos sonreímos, ¡qué cierto! Todo en la vida cuenta.